The Crunch. Busy making noise

Artículo escrito para la revista de divulgación cultural Croa Magazine

En 2013, The Crunch lanzaba su primer, y hasta el momento, único disco, pero lo cierto es que sus integrantes eran todo unos experimentados en esto de las giras y los lanzamientos musicales, ya que la banda se compone casi en su totalidad por músicos del panorama punk británico de mediados de los 70. Pero la balanza de The Crunch, se inclina más hacia el rock que hacia el punk.

Si tuviéramos que echar la vista atrás, probablemente ni Dave Tregunna, de Sham 69, ni Mick Geggus, de Cockney Rejects ni mucho menos, Terry Chimes, batería de The Clash, darían su brazo a torcer a la hora de suavizar su género musical y cambiar esos himnos enérgicos callejeros cargados de mensaje por un rock más manso. Al mando de esta decisión se encuentra Sulo Karlsson, la voz cantante de Diamond Dogs y ahora también de The Crunch.

Los inicios de esta formación se remontan unos años atrás, cuando Sulo, intenta reunir a diferentes estrellas del punk y el rock en la que sería la presentación de su libro sobre la vida de estos músicos en la actualidad. En esa fiesta de presentación y tras tocar un par de canciones juntos, la formación de The Crunch empezaba a cobrar sentido. Un tiempo después y bajo el nombre de “Busy making noise”, vería la luz su primer trabajo conjunto.

Compuesto por catorce canciones empapadas de rock, punk-rock o power pop, con estribillos pegadizos, el disco, a grandes rasgos, derrocha optimismo en cada uno de sus acordes que unas veces recuerdan y ayudan a rememorar con nostalgia a la época dorada de The Clash o Diamond Dogs y sin embargo otras, aportan aires frescos y renovados a canciones con sonidos sólidos y definidos.

En definitiva, el disco desempolva y saca brillo a músicos que se resisten a caer en el olvido, demostrando que el paso del tiempo no es un obstáculo para ningún miembro de esta banda que,  con la mirada fija en el futuro, reflexiona sobre la vida con más energía que nunca.

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The Loopholes. Folk-Rock del delta del Miño

Artículo escrito para la revista de divulgación cultural Croa Magazine

Hace alrededor de 70 años en algún lugar de Norteamérica, una pequeña cuidad de un pequeño estado se ganaba a pulso el término de “Ciudad de la Música”. Esa ciudad era Nashville, y aunque en un primer momento el sonido que primaba y recorría su geografía se conseguía a golpe de tacón de bota campera e instrumentos de cuerda, con el paso de los años nuevos géneros y subgéneros proliferaban y se asentaban en aquella especie de gallina de los huevos de oro en la que Nashville se había convertido para algunos sellos discográficos. Hablamos del country. Sin embargo, no todo era country en Nashville. El rock y el folk también compartían parte de ese protagonismo sonoro, apostando firmemente por un formato acústico, íntimo y reflexivo, y aunque sus orígenes eran bien distintos, La Ciudad de la Música asumió sin rechistar esta nueva tutela musical.

Por aquel entonces, ese lugar no solo era el escenario de Amércia, Nashville había desencadenado todo un movimiento musical, social y cultural, con unas influencias que se extenderían por lo largo y ancho del planeta, proporcionando una inagotable fuente de inspiración para bandas posteriores.

The Loopholes es un dueto que no solo ha sabido captar la esencia de esa época, sino que parece haberse escapado de ella.

Con sonidos añejos y unos ritmos suaves y acústicos del folk- rock más tradicional, sin distorsiones ni excesivos adornos, The Loopholes actúan como una máquina del tiempo para todo aquel espectador que se detiene frente a ellos. Un viaje a un pasado no tan lejano que abre sus puertas de par en par en el momento en el que comienzan a sonar los primeros acordes. Pero a decir verdad, no es solo su música la que ayuda a conseguir esa regresión espacio-temporal: su vestimenta y la puesta en escena son también dos elementos clave para obtener ese resultado. Recorren bares, plazas, calles y salas de conciertos con un espectáculo que emula los medicine show de antaño. Como si de dos antiguos músicos y vendedores de carretera se tratase, The Loopholes ofrecen sus elixires medicinales y productos milagrosos allá por donde van como forma de reivindicación de la cultura popular.

Apenas llevan un año trabajando juntos, pero les augura un futuro prometedor. Con un recién estrenado disco de debut en vinilo, este dúo mitad guardés, mitad británico ha ido forjando su marca personal y un estilo musical al que han decidido acuñar “Folk- Rock del delta del Miño”, lugar en el que ambos residen.

Jonathan Richman: El sentido del sinsentido

Artículo escrito para la revista de divulgación cultural Croa Magazine

Los años 70 fueron una de las décadas más prolíficas para el rock y sus vertientes. La rebeldía, lo prohibido y el inconformismo se convertían en ilustres protagonistas de unas letras que ponían voz a sonidos poco convencionales y transgresores, entretejiendo la banda sonora de muchos movimientos sociales y culturales de la época en la esfera norteamericana.

Es precisamente en los albores de esta dorada época musical cuando un joven Jonathan Richman forma su primer cuarteto: The Modern Lovers. Influenciado por los sonidos de The Velvet Underground, el primer y único disco del grupo (The Modern Lovers) producido por John Cale, pasó desapercibido en el panorama musical de entonces, siendo infravalorado, incomprendido y desdichado, al igual que lo fue en sus inicios el Banana Álbum de sus predecesores. Hubo que esperar varios años para que el grupo comenzara a adquirir popularidad y reconocimiento. Un leve reconocimiento que llegó demasiado tarde para un grupo que ya se había evaporado cuatro años después de su formación, y sus integrantes ya habían tomado caminos diferentes. Lo que este grupo jamás imaginó es que a pesar de las adversidades que les impidieron avanzar como banda, se convertirían en un modelo a seguir para grupos posteriores. The Modern Lovers serían un referente del punk en Reino Unido, y unos incipientes Sex Pistols, versionarían su Roadrunner.

Los años siguientes para Jonathan Richman suponen un cambio sustancioso en su manera de entender la música. Su siguiente formación, Jonathan Richman & The Modern Lovers, se desvía ligeramente hacia un rock & roll más tradicional y de ritmo cincuentón, tal y como evidencian algunas canciones como Dodge Veg-O-Matic, New England, Lydia o Party In The Woods Tonight. Con el tiempo, se empapa de nuevas influencias, incorporando a su repertorio canciones con marcadas influencias orientales (The Sweeping Wing – Kwa Ti Feng), ritmos egipcios (Egyptian Reggae) e incluso tribales (Coomyah). En esta nueva etapa, las canciones van perdiendo trasfondo lírico, sus letras se vuelven más simples y su temática se inclina hacia lo banal y cotidiano (Ice Cream Man; I’m Nature’s Mosquito; I’m a Little Dinosaur; I’m a Little Airoplane) No cabe duda de que con el paso de los años, (y como si se tratase de una extraña posesión por una especie de síndrome de Peter Pan) Jonathan Richman se va tornando más inocente e infantil en sus composiciones, incluyendo el toque humorístico en sus interpretaciones y haciendo a su público cómplice y partícipe de sus actuaciones en directo, ayudándose para ello de su carismática personalidad e interminables estribillos cantados una y otra vez para el deleite de su público más leal que aclama afanado sus hazañas. (La versión extendida de Ice Cream Man llegó a durar más de 7 minutos en un concierto).

La última etapa de Jonathan Richman, que se extiende hasta la actualidad, representa su lado más minimalista e introspectivo. Despojado de prácticamente toda la parte instrumental, apoyándose únicamente en su guitarra y en Tommy Larkins, su fiel batería que acompañará sus actuaciones, Richman se vuelve más cantautor que músico y más showman que cantante. Jonathan había relegado el rock a un segundo plano, y apostando por el formato acústico,  había comenzado a dar forma a ese trovador contemporáneo en el que intencionadamente se estaba convirtiendo. Sin embargo, la innovación y la creatividad siguen activas en su vida pese a ser la etapa más criticada de toda su carrera. Su pasión por la cultura mediterránea le anima a cantar en un macarrónico español, y también lo hace en francés e italiano. Resultan tremendamente cómicas las adaptaciones a estos idiomas que hace de sus propias canciones, traducciones literales que en la mayor parte de los casos carecen de sentido (When Harpo played his harp – Harpo en su arpa; Just for fun- No más por fun). Y es precisamente ese entrañable sinsentido el que da sentido a la vida de Jonathan Richman. Una persona que jamás se sintió una estrella pero que brilla más alto que muchas de ellas.

Searching for Sugar Man o qué pasa después del olvido.

El ciclo de vida previsible de un músico con talento en el mercado discográfico está formado, a grandes rasgos: a) por un ciclo previo al éxito, b) un periodo más o menos dilatado de éxito, c) una fase de mantenimiento en el que el artista vive del éxito cosechado y, finalmente, d) el pavoroso olvido. La mano de productores más o menos hábiles o los caprichos de la moda han variado este ciclo, alargando o acortando sus fases, a veces rescatando a algunas figuras de ese olvido. Y así ha sido durante muchas décadas, con permiso de lo que el mundo digital está suponiendo como ruptura de los cánones tradicionales de la industria discográfica.

Luego también están las historias de promesas sin explotar, de tipos y tipas que prometían fama y riqueza, que anticipaban revoluciones en la escena musical con sus dosis irreprochables de talento y creatividad ilimitadas… pero que nunca llegaron a nada, a veces malogrados por el camino. Y es que ser una estrella del rock, al menos en una época ya lejana, requería una serie de excesos y coqueteos que no todos los cuerpos podían resistir.

Y aquí entra la figura de Sixto Rodríguez, un artista que pudo reinar pero, inexplicablemente, como llegó tuvo que cambiar los estudios y los escenarios por la rutina que le daba de comer.  Nadie sabe por qué no engrosa los libros de la historia musical reciente de Estados Unidos. No por falta de talento, desde luego, ni de dedicación, esfuerzo, trabajo, apoyo de la industria, reconocimiento de la crítica…

Aunque hay algo peculiar en la historia de Rodríguez: para ser exactos sí reinó. Lo que pasa es que lo hizo sólo en un recóndito lugar del globo, por azar, y sin tener consciencia de ello. Porque Sixto Rodríguez era (y es) un rey en Sudáfrica, un poeta, un profeta… Su sombra alargada llegó a hacer temblar los cimientos del establishment y dio alas a jóvenes de varias generaciones, faltos de referentes y guías espirituales. Y así Sixto Rodríguez, talento y trabajo a partes iguales, reinó en el continente olvidado mientras vivía como un completo desconocido en los suburbios de la ciudad de Detroit, en esa zona desfavorecida de la no siempre amable EE.UU.

Y de eso va Searching for the Sugar Man, el documental del realizador Malik Bendjelloul que se alzó con el Óscar al mejor largometraje documental en la pasada edición del certamen. Una película con un profundo lirismo, equiparable al legado musical del artista maldito, que persigue los pasos de Rodríguez, un profeta genuino que, como reza el dicho, no consiguió jamás predicar en su tierra, un artista en lo más alto del panteón de la cultura popular sudafricana tan aclamado como desconocido más allá de dos discos producidos y mucho misterio, misterio que ya se encargó el imaginario colectivo de llenar a golpe de leyenda, la más extendida y bizarra de todas la que cuenta que nunca volvió a sacar ningún disco porque acabó quitándose la vida en una actuación…

La búsqueda del cantante incógnita cuenta como Banda Sonora la voz cálida de Rodríguez, a medio camino entre el folk y el soul, hablando en sus letras del hombre y la ciudad, del anhelo de libertad, de tantos otros grandes temas de su tiempo,  que no fueron escuchados con la justicia que se merecían. Y es que a veces, la vida, te da segundas oportunidades:

Artículo de José A. Huertas (@Txetun) para Rincón Sonoro.

Tráiler con subtítulos en Español:

Lou Reed. Corazón legendario.

Artículo escrito para el magazine musical Más Truenos.

Hace unas semanas Lou Reed cumplía 71 años. Un motivo más que suficiente para hacer un recorrido por la vida y la larga trayectoria musical de este neoyorquino que supuso un hito en la historia del rock alternativo, y que no solo se ha consolidado como una leyenda, sino que también ha logrado convertirse en un sólido referente musical para bandas posteriores. Es el momento de recapitular y de hacer balance de todo lo que Lou Reed nos ha aportado.

Sus comienzos más memorables se remontan a la década de los 60, cuando funda con John Cale, The Velvet Underground, un grupo sombrío e incomprendido en sus inicios, con unas canciones oscuras y una temática demasiado controvertida para la época. Eran tiempos en los que el movimiento hippie y la psicodelia irrumpían con fuerza en el país y The Velvet Underground, que nada tenía que ver con todo aquello, no terminaron de calar en la esfera musical de entonces. Habría que esperar bastantes años para que el grupo obtuviera el reconocimiento que a día de hoy tiene. Sin embargo, algunas de las mejores canciones de la historia se le atribuyen a Lou Reed, letrista, guitarrista y cantante del grupo, que componía verdaderas poesías musicales, con letras y ritmos sencillos, pero que advierten un gran trasfondo en su lírica. Hablar de Heroin, I’m waiting for the man y también All tomorrow’s parties, (esta última, escrita para ser interpretada por Nico, una cantante alemana que se convirtió en el capricho de Andy Warhol, productor y manager del grupo en sus inicios), es hablar de un Lou Reed que quería reflejar en sus canciones una ciudad de Nueva York decadente y marginal. Muchas de estas letras fueron escritas por Reed antes de que el grupo se forjase, razón por la que continúa interpretándolas en discos posteriores cuando decide comenzar su andadura en solitario unos años después.

Sus primeros pasos como solista los da en Londres, en 1972, estrenando el disco que lleva su mismo nombre y con el que la crítica decidió ensañarse y desprestigiar su debut. Si los sesenta estaban marcados por los ritmos psicodélicos, en los años setenta, una música más bailable y discotequera comenzaba a abrirse camino. Parecía que la suerte seguía sin estar de su lado. Sin embargo, David Bowie, fan incondicional de The Velvet Underground, deposita la confianza en el americano proponiéndole colaborar juntos en el lanzamiento del que sería su segundo trabajo. Y así surge Transformer, calificado como uno de los mejores discos de su carrera musical, tal vez por la mezcla de estilos, y porque recuerda, en cierto modo, tanto a su época con la Velvet, con Andy Warhol al mando, como al Bowie más puro de esa década. Sin duda, una combinación asombrosa. Once canciones sin desperdicio, de donde ha salido su canción por excelencia, Walk on the wild side, tal vez la que le ayudó a impulsarse hacia ese reconocimiento con el que estaba en deuda.

Ya a flote en el panorama musical, y un año más tarde, sale a la luz Berlin, un disco desgarrador que narra la historia de una prostituta alemana. Varias canciones fueron censuradas en algunos países por la crudeza de sus letras y sus sonidos.

Entre sus discos más modestos (porque los tiene) se encuentra Sally Can’t Dance, un álbum que obtuvo buena crítica y buen índice de ventas, pero bastante insustancial. A partir de ese momento, la calidad de sus discos comienza a decaer, y habría que esperar a los años ochenta para volver a ver a un Lou Reed en su estado más puro. Legendary Hearts y New Sensations a comienzos de esa década, muestran un punto de inflexión en la carrera de Lou Reed, pero será con New York, cuando encuentre de nuevo la inspiración gracias a su ciudad natal.

La década de los noventa estuvo marcada por la muerte de dos de sus mejores amigos, y sobre este tema reflexiona en Magic and Loss. En Set The Twilight Reeling nos descubre su faceta más romántica. En el 2000 reaparece con Ecstasy y tres años después publica The Raven, basado en textos de Edgar Allan Poe y que supone, hasta el momento, su último trabajo. En medio de esta vorágine musical, Lou Reed también se atreve con conciertos acústicos, la grabación de discos en directo, una gira con The Velvet Underground y un doble álbum experimental muy mecánico, metálico y transgresor (Metal Machine Music).

Sin duda la trayectoria de Lou Reed ha sido intensa, marcada por turbios acontecimientos que han sido la fuente de inspiración de las letras con las que este animal de corazón legendario nacido para el rock and roll, se ha convertido en leyenda. Por muchos años más así, Lou.

¿Qué extraña amistad une a Nick Cave y al cantante de Pulp?

Para muchos, la presencia de Jarvis Cocker, líder de la banda británica Pulp, en un videoclip de Nick Cave and the Bad Seeds, puede pasar inadvertida entre una multitud que baila desinhibida al son de Fifteen Feet of Pure White Snow. Para otros, esa extraña aparición puede resultar cuanto menos, inquietante.

Pero, ¿qué relación une a Nick Cave con el cantante de Pulp? Parece ser que Nick Cave estaba en deuda con el británico, musicalmente hablando. Hay que echar la vista atrás y remontarse a la década pasada para comenzar a atar los cabos que forjaron esta amistad. En el año 2002 Nick Cave versionaba Disco 2000, canción de Pulp que trata sobre un desamor sufrido en las propias carnes del cantante. Desconciertan los ritmos movidos y alegres de la canción original si tenemos en cuenta lo que Jarvis Cocker está intentando transmitir con la letra.

Por el contrario, la versión que hace Nick Cave, es como siempre, inmejorable. En esta ocasión, se queda con su verdadera esencia para darle los aires melancólicos y tristes propios de este cover. ¿Realmente estamos ante la misma canción? Increíble pero cierto.

Si es que con Nick Cave, las penas son siempre mucho más sentidas.

Howlin’ for you. Parecidos razonables.

Howling for you es una canción de The Black Keys, probablemente, una de las que llevó a la banda a subir como la espuma en las listas de ventas de todo el mundo. Su tema fue incluido en la banda sonora de un videojuego y se utilizó en varios anuncios publicitarios. Además, el videoclip generó mucha expectación al ser presentado como un falso tráiler de una película que nunca existió. La canción pertenece a la etapa más comercial de esta banda, incluida en el disco Brothers, publicado en 2010 y calificado como uno de sus mejores discos. Un gran trabajo en el que el soul, el R&B y el rock perfilan las señas de identidad de este dueto americano. Si con Brothers, se intuía el éxito, con El Camino, su último trabajo que vería la luz un año después, ese éxito desbordaba todas las expectativas.

Si son fieles a su palabra, The Black Keys podrían tocar este verano en un festival de España, tal y como anunciaron en el concierto que ofrecieron en el Palacio de los Deportes de Madrid en noviembre del año pasado.

Volviendo a Howling’ for you, se puede decir que Dan Auerbach y Patrick Carney encontraron la inspiración en Rock and Roll, una canción de 1972 de Gary Glitter con la que no solo se revolucionó el panorama musical de la época, sino que se popularizó el término glitter rock en honor a su nombre. La influencia que Glitter ha ejercido tanto en el dueto a la hora de componer su canción, como en artistas posteriores, es evidente, aunque esos años dorados parecen haberse quedado muy atrás. Numerosos escándalos y problemas con la justica, han sido factores determinantes a la hora de justificar su decadencia y el motivo por el que Gary Glitter se alejó definitivamente de los escenarios.

Lo último de Doctor John

Malcom John Rebennack Jr. es su verdadero nombre, Doctor John, su apodo artístico y Nueva Orleans, en el estado norteamericano de Louisiana, la ciudad que le vio crecer, y que además de ser conocida por sus cubos de cangrejos, también se ha ganado su lugar en el mapa por ser la cuna del jazz, de donde han salido grandes artistas consagrados. Doctor Jonh es uno de ellos. Comenzó su carrera musical en la década de los cincuenta como guitarrista, una carrera que rápido se ve truncada por un disparo en uno de sus dedos que le imposibilitaría tañer este instrumento, centrándose plenamente en el piano.

Su adicción a la heroína (de la que está totalmente recuperado), la extraña afición a los rituales de vudú (el nombre de Doctor John, viene por un antiguo chamán de la zona) e intentos fallidos de proxenetismo, son algunos de los factores que han perfilado la carrera musical de este artista, marcada en sus inicios por la psicodelia y el oscurantismo. Un estilo en el que el cantante, compositor y músico parece sentirse bastante cómodo.

En 2012 veía la luz Locked Down, un álbun con cierto regustillo a The Black Keys. Y no es de extrañar si tenemos en cuenta que Dan Auerbach, su vocalista, es el productor de este disco, en el que también ha colaborado como guitarrista, aportándole a la música de Doctor John un toque de frescura pero sin dejar de lado su esencia más clásica. La verdad es que juntos forman muy buen equipo.

En los vídeos que a continuación se muestran, se repasan los inicios del artista en su época más oscura para desembocar en lo que es, hasta el momento, su último trabajo. El cambio de registro musical es más que evidente.

¿Añadirá el artista un nuevo capítulo sobre esta etapa musical en su autobiografía? Si queréis conocer su historia: Under a Hoodoo Moon: The Life of Dr John the Night Tripper.

Jake Bugg

Jake Bugg es un joven británico, que con apenas diecinueve años ha empezado a rozar la cima del éxito y a abrirse camino en el panorama musical. Su pasión por la música comienza cuando con solo doce años escucha Vincent (Starry, Starry Night), de Don McLean en un capítulo de Los Simpsons. A partir de ese momento, la música siempre estaría presente en la vida de este adolescente de Nottingham.

Cantante, compositor de sus propias canciones y músico autodidacta gracias a Youtube (las nuevas tecnologías están ayudando considerablemente a las jóvenes promesas a crecer de manera profesional, tanto en la formación musical como en la difusión de sus trabajos), la música de Jake Bugg está empezando a dar de qué hablar. En su recién estrenado álbum de debut (Jake Bugg, 2012), un disco donde se conjugan diferentes géneros musicales, se aprecia todavía un estilo y una personalidad en proceso de definición. Con claras referencias a sonidos rock, folk y britpop, en algunas de sus canciones es más que evidente la influencia que han tenido para el artista The Beatles, Bob Dylan o Simon & Garfunkel. Llama la atención la forma en la que el cantante ha sabido sacarle provecho a estos grupos sesenteros, reinventando su música pero sin perder ese toque añejo tan carácterístico.

Este verano será cabeza de cartel en el Festival Internacional de Benicassim, compartiendo escenario con The Killers y Queens Of The Stone Age. Sin duda, Jake Bugg, que será uno de los grandes atractivos del festival, generará una gran expectación, porque la verdad es que talento, no le falta.

Anna Calvi

Style: "12CLR_JBM"Brian Eno dijo de ella que era “lo mejor desde Patti Smith”, antes de convertirse en su padrino musical. Y la verdad es que razón no le faltaba. Anna Calvi posee todo lo que se necesita para triunfar en este estilo musical, que muchos califican de indie rock. La potencia de su voz, junto con los sonidos oscuros y las guitarras rasgadas que la acompañan, han hecho que se llegase a comparar a la artista con veteranas y consolidadas musas del rock, como Pj Harvey y Patti Smith.

Anna Clavi comienza su andadura como solista en el 2006, pero no es hasta cuatro años después cuando comienza a obtener reconocimiento, gracias a la versión que realiza de Jezebel, canción que popularizó Edith Piaf en 1951 y que además de sacar a Calvi del anonimato, también ha servido para a descubrir un poco más la personalidad y los objetivos que se marca la cantante al reinterpretar esta canción de una de las mejores voces que ha tenido Francia.

Telonera de Nick Cave, y compartiendo productor con Pj Harvey, parece que Calvi está bien arropada por los grandes del mundo de la música. Esta afirmación ha dividido a la crítica en defensores y detractores de la artista. Sin embargo, aunque hay quien piensa que su posición en el mundo de la música no sería posible sin un padrino de la talla de Brian Eno, la gran mayoría ha destacado las cualidades musicales de las que goza la cantante. Sin duda, la artista ha dado mucho de qué hablar, sobre todo durante 2011, año en el que su primer y por el momento, único disco, ve la luz.

Juzguen por ustedes mismos.